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PALACIO CAMPODÓNICO

Un legado del siglo XIX
Situado en un punto muy particular del trazado urbano, este edificio se ha convertido en uno de los más caracterizados de la Ciudad
En una parcela triangular, propia de la trama de una ciudad signada por sus diagonales, se levanta una de los palacios más reconocidos de La Plata: el Campodónico. Popularidad que le debe, entre otras cosas, a haber albergado durante más de dos décadas el registro civil, testigo de miles de casamientos.
A pesar de ser conocido como "Palacio Campodónico", el edificio ubicado en la intersección de diagonal 79 y calles 5 fue construido en 1892 por el arquitecto Idalecio Coquel a pedido de la señora Juana Zapettini, para ser utilizado como vivienda familiar durante las primeras décadas de la ciudad.
Antes de 1940 el edificio fue adquirido por Lázaro Campodónico, lo que le dio el nombre por el que es conocido a pesar de haber pertenecido a esta familia poco más de veinte años.
En 1964, el palacio fue adquirido por el gobierno provincial y a partir de 1976 albergó las oficinas del Registro Civil. Esta finalidad se extendió por 21 años.
Entonces permaneció desocupado durante aproximadamente 5 años, hasta que el edificio fue transferido desde la Provincia de Buenos Aires a la órbita de la Municipalidad de La Plata. Ese traspaso fue aprovechado para llevar a cabo una serie de obras de restauración y mantenimiento, con el objetivo de preservar aspectos originales de la construcción.
Desde su reapertura, este edificio histórico está destinado a recibir en sus salas diferentes actividades culturales, lo que permite abrir sus puertas a la comunidad. Por eso hoy, el palacio funciona como galería de arte y, al mismo tiempo, alberga la Dirección Municipal de Turismo.
ALGUNAS PARTICULARIDADES
Como se señaló, el Palacio Campodónico se localiza en una parcela triangular, siendo un ejemplo por su localización de perímetro libre con exposición de la totalidad de las fachadas hacia el espacio público.
En el entramado de la ciudad, esta ubicación conforma una de las centralidades distribuidas que equilibran el modelo urbano y otorgan identidad barrial al sitio de pertenencia.
Este componente fundacional de la ciudad, junto a otros elementos, han sido postulados a Patrimonio Cultural de la Humanidad. El edificio en cuestión constituye un ejemplo de vivienda burguesa de fines del siglo XIX emplazada junto con otros ejemplos de arquitectura "menor", en las proximidades del eje fundacional de la ciudad.
La organización espacial interna se desarrolla como caso singular a partir de un hall central iluminado en forma cenital, lo que organiza distributivamente una serie de habitaciones perimetrales, rematando en la esquina de diagonal 79 y calle 5 con el sistema de conexión vertical, que conduce al nivel subsuelo y superior.
El tratamiento de las esquinas forma un capítulo importante en la construcción de la ciudad. En consecuencia, este edificio responde con triple compromiso a reflejar la relación con la Plaza San Martín, resaltándolo especialmente con una torre mirador hacia la esquina de la diagonal y calle 5, respecto a las otras esquinas que se relacionan de manera homogénea en una escala acorde al entorno.
La relación con Plaza San Martín se privilegia a partir de una torreta que se destaca del conjunto uniforme desarrollado con basamento y piano nóbile que obedece a un lenguaje italianizante, compuesto por frontis curvos y remate superior con cornisas corridas, y elementos decorativos realizados en símil piedra, complementando con carpinterías y celosías de madera, balcones y rejas de hierro forjado.
Por su data, factura arquitectónica, inserción urbana y valor testimonial, el Palacio se encuentra contemplado en los alcances de la Ordenanza Nº 5338/82 y Disposición Nº 75/95, que preserva cuarenta y ocho inmuebles para garantizar su permanencia e integridad.
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Fecha de construcción: 1892
Estilo: Renacentista italiano
Arquitecto: Idalecio Coquel
Destino original: Vivienda familiar
Destino actual: Galería de arte y oficina de Turismo municipal
Ubicación: Diagonal 79 y las calles 5 y 56

QUINTA ORESTE SANTOSPAGO

Un palacete con aires europeos
En las afueras de la Ciudad, una imponente mansión de principio del siglo XX capta la atención de todos desde su construcción
En la época en que los cadetes del Servicio Penitenciario cumplían sus estudios como internados, el cuento de las noches de guardia hablaba del fantasma que deambulaba por el inmenso parque del caserón, espectro de la hija de Oreste Santospago, el italiano que construyó, a principios del Siglo XX, la soberbia mansión que domina, por su belleza y magnitud, la avenida 44 a la altura de la calle 135. La joven, narra la leyenda, padecía de tuberculosis, y para atenuar los efectos de la enfermedad navegaba con un pequeño bote por el arroyo que cruzaba la estancia y del que hoy es muestra de su existencia un par de puentes que no se retiró al entubar el canal.
A la salida de la Ciudad un palacio señorial irrumpe en la fisonomía de una zona que se fue poblando de a poco con viviendas bajas y locales comerciales. Una torreta cargada de molduras y un mirador serpenteado por una decorativa balaustrada sobresalen desde lo alto, atrás de una construcción de estilo italiano y en medio de un parque verde y frondoso. Al predio que ocupa tres manzanas -desde la calle 133 a 135 y desde 44 a 46- lo llaman, evocando al constructor que fundó allí su hogar y la sede de su empresa, Quinta Oreste Santospago. Desde hace cuarenta años es el establecimiento de formación de los agentes penitenciarios y ya lejos del sistema de pupilos (los estudios se cursan como en cualquier instituto de enseñanza superior) la llama de la historia del espíritu andador se va apagando.
La propiedad la adquirió el gobierno de la provincia de Buenos Aires en 1969. Primero fue la Escuela de Cadetes y luego se convirtió en el Instituto Superior de Formación y Capacitación del Personal Penitenciario. Una larga historia precede a la operación inmobiliaria. Santospago había nacido en la región de Abruzo, y llegó a la Argentina impulsado por un genio inquieto que lo guiaba hacia el camino del progreso. Se asentó en La Plata, todavía habitada por unos pocos pobladores, en su mayoría inmigrantes italianos. Creó una empresa constructora y al poco tiempo levantó el palacete donde viviría con su familia y conduciría la compañía.
Similar a las edificaciones de las antiguas y suntuosas villas de la península europea, la Quinta Oreste Santospago se caracteriza por la nobleza y calidad de los materiales que se usaron para su construcción -todos traídos de Italia- y por un diseño único del casco de la propiedad, que se despliega en una casa principal, una salón de billar, un anexo desde donde se atendían los requerimientos de la empresa y un elevadísimo y magnífico tanque de agua.
Recorrer el sector original de la estancia (con los años y por razones funcionales se añadieron construcciones) es un paseo por la estética dominante de tres siglos atrás. El emprendedor italiano, porfiado y obsesivo de las formas, quiso vivir en una réplica de la arquitectura de sus antepasados. Así, maravillan una estufa-hogar de mármol de Carrara con estatuillas y frisos de bronce; un aparador de ébano espejado que aún conserva los soportes donde se apoyaban los tacos de billar; arañas de varios brazos trabajados en detalle; mosaicos de granito que mantienen impecables las guardas con dibujos florales; el tanque de agua-mirador, retorcido hacia arriba con una escalera interna tipo caracol; las moldeadas vigas de los cielorrasos a tono con el mobiliario; cristales biselados; y una joya del arte platense de principios del siglo pasado: los frescos que pintó José Speroni en 1927 y que circundan, a modo de mural, el hall de entrada de lo que funciona como área administrativa.
Los jardines -aunque nada igualará a los de antaño, según los testimonios de antiguos vecinos de la zona, con faisanes, un enorme palomar, viñedos, árboles frutales, orquídeas y una flora exótica y abigarrada -merecen una mención puntual. Hoy quedan de entonces los rosales, arbustos de variadas especies, el zigzagueo de caminos que se bifurcan hacia todos los sectores del muro perimetral y la extensa pérgola que seguro fue el espacio de reuniones sociales de las noches de verano.
Otro detalle llamativo es que mientras vivió Oreste parte de la quinta se utilizó para la producción frutihortícola. Solidario, y sin olvidar sus orígenes, el dueño de las parcelas destinaba una buena porción de los cultivos para repartir entre las familias que habían sufrido el drama de la guerra.
PATRIMONIO CULTURAL
Declarado Patrimonio Cultural de la Provincia en 2007, el conjunto arquitectónico fue una atracción sin igual en los primeros años de la Ciudad. Las puertas del palacio estaban abiertas a la comunidad, contingentes de alumnos y público en general lo visitaban para pasar un día de campo que incluía el aprendizaje de algunas prácticas rurales. Desde hace un tiempo, cada año, al celebrarse el Día Internacional de los Monumentos y Sitios, la Quinta Oreste Santospago es parte de la propuesta. A la singularidad de la propiedad se le añade el interés por la sala histórica, donde se exhiben los trajes de gala y fajina que han utilizado los cadetes a lo largo de los años.
Julio Ríos dirige el Instituto Superior del Servicio Penitenciario. Su escritorio está ubicado en la casona de amplios ambientes, sobre antiguos listones de pinotea y en medio de una carpintería centenaria. El funcionario es, además de la autoridad máxima del establecimiento, egresado de la ex Escuela de Cadetes. Siente una profunda admiración por el lugar y no disimula su apego a la sede de la institución. "Todavía me asombro. Se ven las arañas, los pisos, las aberturas originales. Para mí es una madre institucional", confió.
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Fecha de construcción: 1925
Estilo:Italiano
Constructor: Oreste Santospago
Destino original: Vivienda familiar y sede de empresa constructora

Destino actual: Instituto Superior de Formación y Capacitación del Personal Penitenciario

PALACIO PIRIA

El diamante olvidado.
Construido a principios del siglo XX en Ensenada, esta joya de la arquitectura clásica sufre el abandono de décadas
A pesar de los años, del abandono y la desidia, la imponente y siempre fantasmal estructura del Palacio Piria, en Ensenada, aún conserva un remoto y lejano esplendor. Columnas palaciegas con detallados sobre relieves, dos escaleras monumentales que marcan su entrada, arcadas, finos detalles de categoría y paredes que pese a estar descascaradas conservan el tono de cierta aristocracia perdida.
A principios del siglo pasado, esta construcción que se levanta en el Camino Costanero Almirante Brown supo encerrar los sueños de un emprendedor foráneo que soñó a lo grande y que, hay que decirlo, quiso hacer de las costas de Punta Lara un lugar de descanso similar, y hasta superior, a lo que es hoy en día Piriápolis en Uruguay.
En realidad la historia comenzó en 1827, cuando Luis Castells -cuyas tierras se extendían desde Villa Elisa hasta el Río de La Plata- pasó a ser propietario de la Estancia Punta Lara. Inspirado por los palacios europeos, reunió varias imágenes de aquellas construcciones y en 1907 dio la orden para que se comenzara con la edificación del palacio. La obra estuvo terminada recién en 1910. Entre otras cosas, el edificio contaba con playa privada y era frecuentado por importantes personalidades de la época, como el general Julio Argentino Roca.
Pasadas las dos primeras décadas del siglo XX, la monumental edificación fue adquirida por el rematador uruguayo Francisco Piria en 1925 con el propósito de transformar la zona en un importante balneario. Con su llegada, Piria introdujo algunos cambios en el lugar. ¿Cuáles? Las habitaciones del primer piso, por ejemplo, fueron revestidas con madera tallada por artistas uruguayos. También emplazó el "salón de los Espejos", ubicado en la sala central de la casa decorado con finos espejos biselados. Además, decidió cambiar los herrajes que había por otros de bronce trabajados a mano.
¿QUIEN FUE PIRIA?
¿Pero quién era este Piria? Había nacido el 21 de agosto de 1847 en Montevideo, Uruguay. A lo largo de su vida fue empresario, político y militar. Hijo de inmigrantes genoveses -Lorenzo Piria y Serafina de Grossi-, Francisco realizó sus estudios en Italia y volvió a Uruguay a los 16 años para enrolarse en el ejército. En su juventud se desempeñó en múltiples oficios y se destacó especialmente como rematador. El 25 de diciembre de 1866 se casó con Magdalena Rodino y juntos tuvieron cuatro hijos. Luego de un viaje a Europa, Piria volvió con la firme idea de explotar turísticamente las costas uruguayas. En el año 1890 compró 2.700 cuadras de campo, donde finalmente fundaría el balneario de Piriápolis. Del lado uruguayo, Piria levantaría un esplendoroso castillo en el año 1897. Convertido en su vivienda particular, el imponente inmueble tenía un extenso parque con fuentes y numerosas estatuas. A su vez, contaba con una frondosa vegetación compuesta por una gran variedad de especies exóticas.
La estadía palaciega de Piria en nuestra tierra, en tanto, se extendió hasta los años '30. Debido a sus desavenencias con el gobierno provincial de la época, el inversor extranjero decidió abandonar su ambicioso proyecto turístico para las costas bonaerenses de Punta Lara y seguir entonces probando suerte en Uruguay.
Así las cosas, en 1947 el palacio y las 141 hectáreas que lo rodeaban pasaron a manos del gobierno provincial por donación de la familia Piria, para uso residencial de los gobernadores. Pero, finalmente, este destino no se concretó y durante algunos años allí funcionó una colonia de vacaciones para niños huérfanos. Con el tiempo fue cedido a la municipalidad de Ensenada, que finalmente perdió sus derechos por no poder hacerse cargo de su recuperación.
En la actualidad, la mansión luce abandonada, está convertida en un depósito de escombros y se encuentra cerrada con alambre de púa por peligro de derrumbe. Por Ley 12.955 de la provincia de Buenos Aires, hay que decir, este palacio fue declarado Monumento Histórico y bien incorporado al Patrimonio Cultural de la Provincia. Un diamante olvidado. Una joya que, pese al abandono, aún asombra a quien pasa por su imponente frente y alza la vista para verlo.
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Fecha de construcción: 1907, pero fue inaugurado en 1910
Arquitecto: Luis Castells lo mandó a construir en base a varios palacios europeos
Estilo: mezcla de estilos renacentistas
Destino original: Residencia veraniega
Destino actual: sin uso
Ubicación: Camino Costanero Almirante Brown

PALACIO URIBURU

Un castillo, en la memoria de Villa Elisa.
Fue construido a pocos años de la fundación de La Plata y un incendio lo destruyó en la década del 60
Símbolo de una época en que la aristocracia porteña había escogido Villa Elisa para erigir sus mansiones de verano, el Palacete de Uriburu se perdió allá por el año 60 cuando un incendio lo redujo a escombros. Su recuerdo sin embargo subsiste en la memoria de algunos viejos habitantes de la zona que lo recuerdan como un castillo de ensueño, desbordante de belleza y poesía.
Había sido construido en 1893 por encargo de Don Francisco Uriburu, quien deseaba tener una vivienda veraniega cercana a la de su hija Elisa, casada con Luis Castells. Su propietario -político y hombre de negocios con almacenes comerciales, bodegas, aserraderos, campos, una calera y hasta un diario- no escatimó en gastos al erigirlo.
Diseñado por el arquitecto Duplan con materiales traídos de Europa, el palacete de líneas francesas se caracterizaba por sus techos de mansarda negra, torretas, chimeneas y terrazas que le valieron el mote de "Castillo" entre los primeros habitantes de la zona. Con todo, la finca en que se levantaba no era menos portentosa.
Tras un enorme portal de hierro forjado nacía una avenida de palmeras y coníferas que conducía hacía la casa. Frente a ella había un lago y una fuente con cuatro caballos de bronce. Y a su alrededor, una gruta, una pajarera, una glorieta, una piscina cubierta con una cúpula de vidrio, un invernáculo en el que se cultivaban orquídeas y cuyo domo era tan alto que asomaba entre los árboles, cocheras, caballerizas, una vivienda para los caseros y un monte de frutales conocido por los lugareños como el "monte de Uriburu".
"Además de una mansión de verano, el Palacete de Uriburu era un lugar de reunión habitual de políticos, frecuentado por Dardo Rocha y Julio Argentino Roca entre otros amigos de su propietario. Pero también era un escenario frecuente de grandes fiestas y recepciones. Como estaba instalado junto a las vías del ferrocarril, en la zona que hoy ocupa el Barrio Jardín, el tren se detenía junto a su portal de acceso para que bajasen los músicos, chefs, garcons y pinches de cocina con víveres y bebidas. En esas ocasiones, según se cuenta, la cola de carruajes arribados desde Buenos Aires llegaba hasta el camino", relata Paulina Juzsko, autora del libro "Vivir en Villa Elisa".
Su momento de esplendor terminó sin embargo con la muerte de Uriburu, ocurrida en 1906. "Si bien siguió ocupado durante algunos años por su hijo, Pancho; el palacete, aún intacto, quedó finalmente a cargo de una única ocupante, su casera, Doña María, quien vivió allí hasta que en la década del treinta la familia perdió la propiedad debido a reveses económicos", explica la escritora.
EL INCENDIO
Hacia 1938, Kurt Ligenfelder, dueño de un aserradero en la capital federal y gerente del Banco Boston, compró una parte de la finca donde se encontraba el monte de Uriburu y la casa de los caseros. Y en 1952 se lo vendió a su vez al Ministerio de Marina que levantó allí un barrio para suboficiales y personal civil, el origen del actual Barrio Jardín de Villa Elisa.
En cuanto al palacete, la compañía importadora y exportadora La Patagonia, de los Menendez Behety, lo adquirió junto a nueve hectáreas de terreno en 1952 para convertirlo en la hostería de una colonia de vacaciones para su personal.
Un poco venido a menos, lejos de su época de esplendor, el palecete se prendió fuego en 1960. El incendio se desató la noche del 9 de septiembre en la parte superior. Cuatro dotaciones de bomberos de La Plata y una de Ensenada combatieron las llamas en vano durante once horas. Construido casi totalmente en madera, el incendio fue tan voraz que apenas si dio tiempo a rescatar algunos muebles de la planta baja. Nunca pudo determinarse la causas del siniestro. La leyenda habla de una mano intencional.
Lo cierto es que salvo unas fotografías desteñidas, de su pasado esplendor casi no quedan vestigios más de allá del portal de hierro forjado, la gruta, el aljibe, la casa de los peones, la caballeriza y la glorieta donde alguna vez las orquestas hacían bailar a los invitados al ritmo de un vals que hoy resuena lejano y fantasmal.
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Fecha de construcción: 1890-1893
Arquitecto: Duplan
Estilo: Francés
Destino original: Vivienda veraniega

Destino actual: parque recreativo

PALACIO ACHINELLY

Estevan Achinelly se mudó a principios del siglo XX a nuestra ciudad y mandó a construir esta imponente residencia de 11 y 53
Hace casi cien años, en octubre de 1911, un tal Estevan Achinelly y una tal Juana, su mujer, decidieron dejar Buenos Aires y mudarse a un lugar más tranquilo como La Plata para llevar adelante su historia familiar.
La ciudad tenía pocos años y encerraba un sinfín de esperanzas para cualquier emprendedor. Por aquel entonces, Estevan y Juana contaban con unas tierras algo alejadas del centro de la ciudad pero frente al Palacio Municipal. Contactaron para la obra al arquitecto Franceschini y al ingeniero civil Guglielmi y le encargaron el fantástico proyecto en esa ciudad todavía joven. La idea original era lograr que las sucesivas generaciones habitaran todas esas tierras, pero al hacer el primer relevamiento encontraron que el trazado original de la diagonal 73 cortaba al campo por la mitad. La solución más sencilla fue vender la mitad del campo y la parte posterior habilitarla para la instalación de caballerizas.
El edificio fue levantado entonces en la actual esquina de 11 y 53. Originalmente tenía tres plantas que aún se conservan con una torre y cúpula y reunía elementos estilísticos del barroco francés y del Art Nouveu. Algunos, sin embargo, sostienen hasta el día de hoy que se trata simplemente de Art Deco. Al margen de los estilos arquitectónicos, nadie duda que se trata de un verdadero edificio ecléctico repleto de detalles clásicos.
En su construcción se tuvo especial énfasis en los materiales, algunos de los cuales fueron traídos especialmente del exterior por la nobleza de los mismos, ya que en esa época no se conseguían en Argentina. El revestimiento cerámico del frente, por ejemplo, es de origen francés y las placas de mármol de la escalera llegaron procedentes de Italia.
Luego de su construcción, la pareja llegada de la capital federal vivió en este edificio durante muchos años. Se cuenta que tuvieron una vida feliz y tranquila, con muchos hijos y nietos hasta la temprana muerte de Doña Juana. La casa estaba llena de recuerdos y, con los hijos ya grandes, Estevan decidió venderla a los Albina, una familia conocida que vivía en nuestra ciudad.
OTROS FINES
Tras varias reformas, y dado que la mayoría de los Albina eran médicos, la nueva familia convirtió a la imponente construcción en un sanatorio. Sin embargo, el centro de salud recién levantado no funcionó como los Albina esperaban y, pasados unos pocos años, intentan que Don Estevan vuelva a adquirirla. Su primer dueño se negó, y fue así que la construcción volvió a ser vendida pero esta vez al Estado de la Provincia de Buenos Aires, que al comprarla le otorgó la categoría de Palacio.
Una vez en manos del Estado provincial, el palacio de calle 11 fue sede de LS11 Radio Provincia, que había sido fundada en 1937 y tuvo que peregrinar por distintas dependencias estatales (1 y 59, el Pasaje Dardo Rocha, el Teatro del lago, el Teatro Argentino) hasta encontrar un hogar, en el viejo caserón Achinelly, el cual, a partir del 2006, fue declara por la Municipalidad de La Plata como Patrimonio Monumental Arquitectónico y Urbanístico.
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Fecha de construcción: 1911
Arquitecto: Franceschini
Estilo: reúne elementos del barroco francés y del Art Nouveau
Destino original: vivienda familiar
Destino actual: sede de Radio Provincia

Ubicación: calle 11 y 53

RESIDENCIA DEL VICEGOBERNADOR

Elegante y armoniosa fusión de estilos
En el corazón de la ciudad, una sobria mansión construida en 1926 alberga a una de las principales autoridades de la Provincia
Sobria, funcional, y de ambientes cálidos, con una belleza singular que no llega al lujo desmesurado, la residencia del Vicegobernador asoma su elegancia desde la esquina de 10 y 51, sobre el eje fundacional de la Ciudad, a mitad de camino entre la Casa de Gobierno provincial y el Palacio Municipal y a metros del monumental Teatro Argentino.
Con reminiscencias coloniales, de un estilo edilicio que mezcla en perfecta armonía elementos de la arquitectura española e italiana, la residencia se construyó en 1926 bajo la órdenes del ingeniero Antonio Ubaldo Vilar (La Plata, 1889 - Buenos Aires, 1966), reconocido por proyectar numerosas obras públicas -en especial hospitales-, un sinnúmero de viviendas particulares en San Isidro y la sede nacional del Automóvil Club Argentino.
Vilar se propuso una visualización de recursos ornamentales y compositivos de valor, con predominio de las arquerías que cierran las galerías de planta baja que dan hacia el jardín y que se corresponden con elementos similares en el piso superior y el mirador. El techo, de clásicas tejas, se apoya en mensuras de madera. La construcción se desarrolló en dos niveles y con un muro perimetral de cerramiento que completa la línea de edificación.
No es mucho lo que se ve desde el exterior, pero su torre cubierta rematada con un friso azul simil mayólica, la antigua chimenea de barro, la santa rita y los jazmines, y una palmera gigante que desde hace tiempo caracteriza la emblemática esquina, alcanzan para imaginar un interior confortable y de gusto distinguido. Y en ese sentido, la idea a priori no engaña.
Sin apartarse de la sobriedad, como se dijo, la casona tiene detalles dignos de mención. Sobre piso de simétricos dameros -con la excepción de un ambiente en el que se optó por madera tarugada- la planta inferior se dividió en un recibidor, una sala, un comedor, un living y un escritorio, además del baño para uso en ese nivel. Arañas de bronce, con incrustaciones y caireles de vidrio hacen juego con la iluminación dispuesta en las paredes. Un gran Quinquela Martín, de la serie que el artista dedicó al Riachuelo, lidera la exhibición de cuadros -todos originales- que completa una colección perteneciente al Museo Provincial de Bellas Artes.
En el piso de arriba, en la misma línea de diseño refinado, se ubican el dormitorio principal -con baño en suite-, otras tres habitaciones y un baño, un estar, las dependencias de servicios y una terraza.
APELLIDOS ILUSTRES
Los primeros datos del inmueble, asentados en el Registro Provincial de la Propiedad, hablan de apellidos ilustres, de nombres que forjaron, en alguna medida, la historia de los primeros años de La Plata. En 1921, cuando todavía la esquina era una fracción de terreno con una construcción precaria, Martín Caro adquirió el bien de 51 N° 754 a la sociedad civil Aramburú y Aristegui. Al poco tiempo, compró el inmueble Atilio Eduardo Guzzetti; y en 1949, su viuda, María Luisa Campodónico de Guzzetti, lo heredó.
La propiedad pertenece a la Provincia desde 1964. De acuerdo a la Constitución bonaerense, tanto el gobernador como el vicegobernador deben radicarse, mientras duren sus mandatos, en la capital provincial y esa es la residencia que se le asigna al funcionario que le sigue en orden de investidura al primer mandatario.
Por fortuna, salvo intervenciones menores, la obra mantiene casi intactos sus valores originales, ya sea en distribución, materiales y ornamentación. Patrimonio Arquitectónico y Urbano de La Plata por una ordenanza aprobada en 1982, la casa integra el listado de edificios con alto grado de protección, lo que significa que está prohibida su ampliación, transformación o cualquier tipo de agregados en plantas o fachadas y sólo se permiten modificaciones para mejoras en las condiciones de habitabilidad y confort internos.
Cuenta la historia que son escasos los vicegobernadores que utilizaron la pequeña mansión -está desarrollada en un lote de 9 por 20 metros- como residencia permanente. Oriundos, en general, de otros municipios bonaerenses y ya en épocas de traslados accesibles y rápidos, a la vivienda se le ha dado más bien un uso social; de encuentro para algunos compromisos de carácter político o protocolar o para pernoctar, a lo sumo, un par de noches.
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Fecha de construcción: 1926
Proyecto: Antonio Ubaldo Vilar
Estilo: Español e italiano
Destino original: Vivienda familiar
Destino actual: Residencia del Vicegobernador
Ubicación: Calle 10 esquina 51.

PALACIO SERVENTE

Donde la música encontró su lugar
Inaugurado en 1934 con la finalidad de proteger a los niños huérfanos, desde 2003 alberga al Conservatorio Gilardo Gilardi
El histórico Palacio Servente, ubicado en el ingreso de la ciudad, en calle 12 y 523, fue diseñado por el arquitecto italiano Reynaldo Olivieri para las actividades benéficas de la Sociedad Femenil Italiana, fundada en 1920. Inaugurado en 1934 como asilo para chicos huérfanos, cumplió esta función hasta diciembre de 1999, año en que fue desafectado por no ajustarse a las condiciones básicas exigidas por la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño.
El estilo del edificio es un neolombardo, coherente al decir de los especialistas por ser encargado por la colectividad italiana. Según se apunta, representa un período de esplendor del renacimiento de la vida urbana más allá del siglo XVI.
La casona fue solicitada por iniciativa de María Luisa Servente para construir la sede de la Sociedad Femenil. Los terrenos se compraron en 1922 y los planos se trazaron dos años después, fecha en la que comenzó a levantarse el edificio, que finalmente fue inaugurado en 1934 con destino a un asilo de niños huérfanos.
Los esfuerzos desarrollados durante los 14 años se cristalizaron con la puesta en funcionamiento de este inmueble ubicado en el ingreso de la ciudad, de más de 3200 metros cuadrados en medio de un importante parque, cuya noble misión consistió en dar cobijo y educación a los niños desvalidos de la región.
Entre 1934 y 1977 funcionó bajo el amparo de la Sociedad con el apoyo de las "Hermanas del Divino Rostro de Santa Catalina de Siena", primero y después, por las "Hermanas de Santa Dorotea".
El edificio continuó cumpliendo esta valiosa función social hasta diciembre de 1999, año en que fue desafectado por no ajustarse a las condiciones básicas exigidas por la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño.
EL CONSERVATORIO
Por iniciativa del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires y de la comunidad educativa del Conservatorio y con el fin de revitalizar el patrimonio provincial e impulsar la enseñanza y la difusión de la música y del arte, este magnífico edificio ha sido designado a principios del siglo XXI como sede definitiva del Conservatorio de Música Gilardo Gilardi.
Para la concreción de la tarea de restauración del edificio, participaron distintas áreas del gobierno de la Provincia de Buenos Aires, la Municipalidad de La Plata y la Fundación Banco Provincia.
Se realizaron tareas de forestación y reacondicionamiento del parque y la readecuación de las aulas destinadas a la práctica de instrumentos musicales.
El edificio así restaurado posee tres plantas con treinta y dos aulas, auditorio con capacidad para 150 personas, estudio de grabación, laboratorio de sonido, sala de orquesta y biblioteca con sala de lectura.
En cuanto a la distribución de los distintos sectores, en el subsuelo se han dispuesto 19 aulas, entre ellas la de percusión, la fotocopiadora, los talleres de mantenimiento y la caldera.
En la planta baja se encuentra el acceso principal, la sala de recitales destinada a la realización de conciertos de cámara, un lobby, la biblioteca equipada con una sala de lectura, un grupo de aulas y la sala de medios audiovisuales.
En el primer piso se hayan ubicados el auditorio, el laboratorio de sonido, el estudio de grabación, la sala de control multimedia, la dirección, la regencia, la sala para las orquestas de Viento y de Cuerdas, el acceso a la terraza y ocho aulas.
El conservatorio que funciona en el histórico palacio Servente fue fundado por el maestro Alberto Ginastera en 1949, año en que comenzó a deambular de sede en sede sin poder recalar jamás en un lugar definitivo acorde para sus funciones. Comenzó en 7 entre 55 y 56; pasó a 7 y 59; al Pasaje Dardo Rocha y, hasta el año 2002, se dividió precariamente en dos lugares: uno ubicado en 2 y 49 y otro en 49 entre 4 y 5.
Este establecimiento es el primero en la Provincia de Buenos Aires, oficial, dependiente de la Dirección General de Cultura y Educación, y el único en su especialidad y amplitud. En sus aulas se forman todas las especialidades de la Orquesta. Además se cursan los profesorados de piano, guitarra, canto, órgano, magisterio de música y educación musical. Sus diplomas habilitan para todos los niveles de la enseñanza en el sistema educativo de la República Argentina. Cabe destacar que este Conservatorio es gratuito para todas las carreras que se dictan.
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Fecha de construcción: entre 1922 y 1934
Estilo: Neolombardo
Arquitecto: Reynaldo Olivieri
Destino original: Asilo para niños
Destino final: Conservatorio Gilardo Gilardi

Ubicación: 12 y 523